miércoles, 27 de abril de 2011

El tiempo mientras tanto

Ese recuerdo también lo tiene fresco. Y lo tiene fresco porque casi todos lo días algo lo trae a su memoria. Algo, lo que sea. Una pareja que discute y luego se besa, una canción, un anuncio en la tele, el comentario de una clienta, una mujer que empuja un carrito de bebé, un detergente de oferta, un perro que cruza la calle, un coche que se para en un semáfoto, Paco, que le dice que se va a trabajar, un olor dulce, el silencio. Cualquier cosa le devuelve a la cabeza lo que se dijo, lo que se calló, los besos, los suspiros, las promesas, y esa mirada, su mirada, sorprendida otra vez, agradecida esta vez. Le preguntó si le había hecho daño, al terminar. Le dijo que no, y le dijo la verdad. No le dolió, no le dolió el dolor físico, aunque entonces ya sabía que esa tarde le acabaría doliendo el resto de su vida. Pero dijo la verdad: no le dolió. Pensó que podría soportarlo porque no imaginó que el dolor sería tan grande.

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